La sátira convierte a los burros en su protagonista en San Antero

Por María José Torres Esquivel

El cielo de San Antero está vestido de una enorme capa gris oscuro que avisa una pronta lluvia. Solo se escucha el pasar de los buses, automóviles, camiones y motos de los cuales solo se alcanza a divisar el tipo de vehículo, por la impresionante velocidad en la que transitan.

A la orilla de esta carretera nacional vive Eustorgio Díaz, un campesino, de tez morena, usa lentes porque dice que los años le han pedido usarlos. En su rostro un poco abrupto se perciben las arduas horas que pudo pasar bajo el sol, cortando arroz o sembrando algunas semillas para sacarle provecho a la tierra fértil. Es de contextura delgada, aunque es un hombre estatura promedio, su cuerpo se ha ido encorvando porque la vejez no viene sola.

Le ha sacado provecho a esos años, nunca fue al colegio y hasta el día de hoy no sabe cómo aprendió a escribir, pero lo que sí tiene claro es que escribir es su principal pasión, razón por la que le ha sido posible redactar cuatro libros que lo ha dado a conocer en el pueblo, donde todos lo conocen como El Profe.

En el Festival del Burro

Desde la terraza de su casa, y con un baúl de historias, relata cómo han sido sus años disfrutando y haciendo parte de la organización del Festival del Burro en San Antero, lugar de donde es nativo.

Esta festividad que se realiza en época de Semana Santa, desde el año 1925, inicialmente se llamó Paseo de Judas, en donde se disfrazaban muchos burros y había un muñeco que representaba a Judas. Era del tamaño de un hombre, usando tabaco, carriel y sombrero. Lo paseaban por todo el pueblo y a las ocho de la noche era expuesto en la plaza pública, simulando un castigo por la traición a Cristo.

Solo hasta el año 1987 se empezó a llamar Festival del Burro y aunque inicialmente se pensó llamar el Festival del Cangrejo, para emular su condición de pueblo costanero, luego de indagar por el nombre de esta celebración, muchos de los organizadores llegaron a la conclusión de que se le haría un honor al burro, porque desde los inicios de la historia de la humanidad este fue un medio de transporte que influyó tanto en lo cultural como en lo religioso.

En lo cultural porque fue de esta manera en que se permitió difundir otras civilizaciones y abrirle campo a las personas para que la conocieran. Por la parte religiosa, se remontan a la vida de Jesús, quien utilizó este animal para hacer su entrada triunfal al sitio donde sería crucificado.

Los sananteranos también lo han utilizado para transportar los alimentos, para ir a buscar agua dulce a los lugares más recónditos y para llegar hasta sus lugares de procedencia.

Aunque esta fiesta cambio su nombre, la tradición del muñeco disfrazado de Judas sigue intacta, pues es su principal atractivo. El día del paseo, a manera sátira, se realiza un testamento, donde se le critica a las administraciones locales y se les hace ver en qué están fallando.

Potencia exportadora de bailadoras

Teniendo en cuenta la interculturalidad, se le abre espacio también otras personas del departamento y de afuera y ya no es necesario, como ocurría antes, que mendigar a los grupos folclóricos para que asistieran a esta festividad, pues hoy se ha convertido en una potencia exportadora de bailadores.

Dentro de la tradicional fiesta de San Antero también está enmarcada la Toma Cultural, en donde participan más de cien comparsas locales y grupos musicales, todo un conglomerado que hace de ese día el más pintoresco.

Las actividades siguen manteniendo en pie las tradiciones y por ello no pueden faltar los concursos de comedores de cangrejos, peladores de barra de mangle, venteadores y piladores de arroz, entre otras, para dar vida a esas labores típicas del diario vivir de un campesinos, que se han ido perdiendo.

Uno de los eventos más esperados es el concurso de burros disfrazados en el que se premia al más hermoso y más creativo. Convierten a los animales en la mejor caricatura de lo que esté pasando en el momento.

Allí también se realiza una parodia acerca del juicio de Judas, en donde él se defiende y lo acusan, también los habitantes del pueblo y turistas pueden disfrutar de concursos, como los de cantadoras de bullerengue, gritos de montes, cantos de vaquería y echadores de cuentos.

Dentro del festival se le da cabida al deporte, a través de juegos de dominós, de damas, ajedrez, encuentros de fútbol y de béisbol y lo más importante es que en este tradicional festival se resalta la importancia del burro en la sociedad y se burlan de todo aquello que el país vive y que muchos no se atreven a criticar.

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