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Por: Angie Herrera Velásquez

Una noche de viernes, una noche como cualquier otra, con ella, mi amiga las dos solas en mi casa, acostadas en mi cama, tomándonos unas cuantas copas de vino y hablando de los chicos con quienes habíamos estado y lo aburrido que se torna hacer con ellos siempre lo mismo, estábamos a la espera de algún mensaje en WhatsApp con propuestas de salir o alguna llamada de Carlos para invitarnos a comer. Mientras esto sucedía hacíamos zapping con la TV, yo agarré el control remoto y empecé a pasar de canal en canal cuando de repente encontré un canal XXX, detuve mi búsqueda, justo en ese canal estaban presentando una película donde dos chicas se besaban y se acariciaban apasionadamente.

Mi amiga se quedó mirando la escena atentamente, mientras yo la miraba a ella sintiendo como se iba agitando su respiración con cada beso que las chicas de la película se daban, ella casi que sin darse cuenta movía su pelvis de un lado al otro.

— ¿Te calienta? —me preguntó

— ¿y a ti? —Le contesté yo

—No, yo te pregunte a ti primero —Dijo ella

—A ti que te parece si ponemos la escena en práctica?

—respondí, agarrándole la mano y posándosela sobre mi pecho.

Por un momento todo se tornó silencioso, quedé unos segundos inmóvil esperando para ver cuál era su reacción, tenía miedo de ser rechazada o que se lo tomara a mal, pero ella no sacó mi mano.

Me rodé un poco más hacia donde ella estaba, la quede mirando fijamente y comencé a tocar sus pechos, esos dulces y suaves pechos, turgentes y perfectos cuyos pezones se erizaban al contacto de mis caricias.

Lentamente mis labios se iban acercando a los suyos mientras se entrelazaban en un beso, la respiración me quedó corta, no podía creer lo que estaba sucediendo, como una simple escena vista en aquél canal se estaba convirtiendo en realidad y lo más asombroso de la escena era que mi amiga estaba igual de ansiosa que yo.

Ese beso femenino cuya delicadeza no me olvido hasta el día de hoy, fue sin dudas el puntapié inicial para lo que vendría después. Ella me llevo las manos en dirección a su sexo, se movía meneando circularmente su cadera, pedía más y más, entonces fue en ese preciso momento en el que me sentí entre la espada y la pared, baje mi boca lentamente y roce su sexo, allí me detuve por un largo rato disfrutando de los gemidos que hacía y sabiendo que estaba sintiendo un placer intenso.

Ya casi llegando a su orgasmo me pedía que acelerara el ritmo y así lo hice, todo se volvió más fuerte e intenso, de repente, su sexo explotó. Sabía lo que sentía porque al ser mujer podía entender perfectamente cuáles eran sus sensaciones. Al terminar me miró y sonrió.

Se levantó prontamente de la cama y yo quedé acostada, me hizo poner boca arriba, ahora me tocaba a mí, en un momento dio la vuelta y husmeo dentro de su morral, a los pocos segundos apareció con juguetes sexuales que servían para divertir aquel suceso, sin mediar palabras empezó hacer uso de aquellos juguetes y lentamente iba rozando sus labios sobre mi pecho hasta llegar un poco debajo de mi ombligo… Como me hacía sentir de bien esa mujer, mis gemidos eran incontenibles, estaba extasiada totalmente. La fricción era cada vez más intensa y las dos lo disfrutábamos demasiado, las dos estábamos descubriendo lo que se sentía estar con otra mujer.

Así… en un momento no dábamos más, la pasión y el placer cubrió nuestros cuerpos, aquella satisfacción nos habían llevado a un punto en donde no había retorno y las dos juntas, llegamos al más de los hermosos orgasmos lésbicos.

Juramos que esto sería uno de los tantos secretos que guardaríamos para siempre, eso que le llaman “Un secreto entre amigas”.

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