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Opinión

Mis apuntes para la Paz

Roberth AnguloPor: Roberth Angulo.

Colombia es un país atropellado por la violencia, lleva más de medio siglo sufriendo sus consecuencias, muchos han sido los intentos de los gobiernos por lograr un acuerdo de paz con el grupo insurgente de las FARC, pero todos han fracasado, sin embargo en la mente de los colombianos tenemos presente los tres últimos acercamientos, celebrados por los ex presidentes Belisario, Gaviria y Pastrana, que fueron conocidos como el de la Uribe, de Tlaxcala, y el del Caguán, respectivamente, con este último todos los colombianos perdimos cualquier esperanza de paz con las  FARC

El Gobierno de entonces sin tener una metodología clara de lo que se quería negociar, le dio a las FARC todas las garantías y concesiones necesarias  para adelantar un proceso de paz, que incluía entre otras; una zona de distensión, que fue conocida como el CAGUÁN, territorio que solo sirvió para fortalecer militarmente a este grupo de terrorista, además se utilizó para planear y ejecutar las acciones más perversas,y aberrantes contra la población civil y el Estado colombiano.

El de Tlaxcala igual sin metodología y aunándole las desconfianza entre las partes para llegar a un acuerdo, terminó con un resultado no favorable para los intereses de la Nación.

El 28 de marzo 1984 se logra “el acuerdo de la Uribe” donde se ordenó el cese bilateral al fuego, paz y tregua, entre el Gobierno y la Guerrilla de las FARC, situación que dio origen al nacimiento del partido político Unión Patriótica, el cual en las elecciones presidenciales y parlamentarias de 1986 obtuvo el tercer lugar, sin embargo la mafia del narcotráfico, organismos de inteligencia del Estado y los paramilitares se propusieron exterminarlo, lo que produjo el regreso de los guerrilleros al monte y de paso dio al traste con las negociaciones de paz, que  hasta hoy fueron las más cercanas  a lo recientemente pactado en la Habana.

De la historia se aprende, pues quien no conoce su historia está condenado a repetirla y de paso a hipotecar su futuro, es así como debió llegar el equipo negociador del Gobierno a la Habana, precedido de un sin número de intentos fallidos por lograr un acuerdo de paz con las FARC, en aquellos se cometieron muchos errores que impidieron cumplir los objetivos de la paz, pero que seguramente sirvieron de referente a los negociadores actuales, para alcanzar el sueño anhelado por todos los colombianos, el cual es, que las nuevas generaciones puedan vivir en país mejor.

Cuando se iniciaron los diálogos de paz en la Habana, era escéptico con los resultados que se podrían obtener, pensé que al igual que en el Caguán esta partida de delincuentes, terrorista, se burlarían de todos los que anhelamos la paz y jamás firmarían un acuerdo con el Gobierno.

Fueron pasando los días y con él se iban acordando los puntos que se discutían, entre ellos la Reforma Agraria integral, participación en política, narcotráfico y cultivos ilícitos, este era un gran avance, sin duda alguna el narcotráfico es uno de los principales riesgo que tiene este proceso de paz, para nadie es un secreto que la guerrilla de las FARC, pasó de ser un grupo de ideologías marxistas a ser un grupo de narcotraficantes, y ponerse de acuerdo en ese punto neurálgico era trascendental, pero aun así, en mi cabeza rondaba la incredulidad, estábamos negociando con delincuentes y eso era suficiente para justificar mis dudas, llegué a pensar que en este Gobierno no se alcanzarían a evacuar y acordar todos los puntos con sus diferencias, más aún cuando faltaban por discutir temas tan importantes como el sometimiento a la justicia, las víctimas, entre otros. Solo hasta cuando hace pocos días, las partes anunciaron la culminación del ciclo de diálogos en Cuba, me dije, vamos por buen camino.

El pronunciamiento emitido por el máximo comandante de las FARC, Rodrigo Londoño Jiménez, alias “Timochenko” ordenando el cese definitivo al fuego, me hizo sentir una inmensa alegría, empecé a despejar mis dudas y creí que por primera vez en la historia, lograríamos por fin concretar ese acuerdo tan anhelado de paz con la Guerrilla de las FARC, después de tantas décadas de sufrimiento.

Todos podemos tener discrepancias por lo acordado en la Habana, el Presidente Uribe está en todo el derecho de hacerlo, igualmente el Vicepresidente Vargas Lleras puede tener reparos a la jurisdicción especial para la paz, así como cualquier colombiano también las tendrá en torno a los puntos acordados en la Habana, pues estamos en una democracia que no los permite, pero después de sufrir más de 50 años de violencia, nadie nos puede prohibir y quitar el sueño de tener a una Colombia distinta, una Colombia sin FARC.

El camino que continúa es aún más difícil, la sostenibilidad y el cumplimiento de los acuerdos serán clave para la consolidación del proceso, no queremos que se repita la amarga experiencia del acuerdo de la Uribe, por eso es importante la voluntad y concurrencia de todos los estamentos del Estado en el post conflicto, para construir un país sin más terror, un país sin más violencia.

Ahora, el mismo pueblo colombiano tendrá la oportunidad histórica de refrendar lo acordado en la Habana, tendrá la posibilidad acabar con los terroristas de las FARC, ese mismo grupo insurgente que se mantuvo en la contienda de la guerra por muchas décadas, muy a pesar de los esfuerzos de los gobiernos por derrotarlos militarmente, hoy en una mesa de diálogo en una Isla del Caribe, contrario a lo que muchos piensan las FARC acordaron su propio fin y luego dentro del marco de la legalidad será el mismo pueblo a través de las urnas quienes definan su futuro político.

Los colombianos estamos por encima de las diferencias entre Uribe y Santos, queremos una paz real y duradera, el acuerdo logrado con la guerrilla más vieja del mundo es un buen comienzo para cristalizarlo, el próximo presidente de Colombia tendrá una tarea y responsabilidad mayor, que será velar por el cumplimiento de los acuerdos y consolidar un proceso de paz con la guerrilla del ELN y las BACRIM para poner fin al conflicto con todos los actores de violencia del país.

Hoy tenemos que aplaudir al presidente más impopular de la historia de Colombia, porque logró lo impensado, eso que todos los ex presidentes afanosamente buscaron sin mayor éxito en su paso por la casa de Nariño, terminar con cinco décadas de terror y  ponerle fin al conflicto con las FARC.

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