Las bandas musicales de viento y la posesión presidencial

Con gran satisfacción recibí la noticia de que tres importantes bandas de viento de nuestra región caribe, dos del departamento de Sucre y una de Córdoba, habían sido invitadas a la posesión del nuevo presidente de los colombianos. La ilusión no era menor, se trataba de una oportunidad única para que el país vibrara escuchando porros, fandangos, puyas, mapalés o cumbias, en un formato con el que los medios nacionales, y el país en general, han sido ingratos.

Las bandas musicales de viento, tradicionales de varios departamentos del caribe colombiano, en especial de Córdoba y Sucre, hacen parte de nuestra identidad cultural, folclórica y musical como región y como país.

Desde las bandas militares en tiempos del imperio español, pasando por las bandas de guerra en las luchas de independencia, hasta llegar al movimiento bandístico moderno de la comarca, los sonidos de trompetas y bombos han hecho parte de nuestra vida nacional y local.  

Sin embargo, la baja difusión mediática, la casi nula preocupación de la academia, el poco interés de las instituciones de gobierno local y nacional para incentivar la comunicación intergeneracional de esta tradición, tienen en peligro de extinción al auténtico formato de nuestras bandas de viento.

La posesión presidencial parecía una oportunidad inmejorable para que las bandas tradicionales tuvieran un impacto mediático a nivel nacional, al igual que suelen tener otros formatos musicales de nuestra región, como el conjunto vallenato o los grupos de gaitas y tambores.

La histórica banda 19 de marzo de Laguneta, la banda juvenil de Chochó y la banda de San Juan de Caimito, fueron las encargadas de llevar la música del Sinú, las sabanas y el bajo Magdalena, a la capital de Colombia en la histórica fecha. Sin embargo, poco o nada se ocuparon de ellas los medios de amplia difusión nacional, tanto tradicionales como digitales.

Más allá de la difusión local, de no ser por unos videos difundidos en redes sociales, en los que se ve bailar a la primera dama de la nación al ritmo de las bandas invitadas a la casa de Nariño, nadie se hubiera enterado de su valiosa asistencia a dicho evento. Es más, con mayor tristeza se descubre el desconocimiento con el que importantes medios digitales abordan la noticia.

Centrados en el baile y no en los músicos, tildan a estas importantes organizaciones musicales de “papayeras” o “tamboras” anónimas, cuando no corresponde de ninguna manera. Es inaceptable que, en especial a cordobeses y sucreños, no nos inmute en lo más mínimo ver la falta de correspondencia que tiene el músico de banda en los medios de comunicación y en la opinión en general, y que ello no nos mueva un poco el orgullo para enaltecer nuestra música, nuestra cultura, nuestra identidad como región.

Es hora de despertar del letargo y hablar con amor propio de nuestra música de banda, de promoverla en las instituciones y corporaciones públicas, en las escuelas, en las universidades, en los medios de comunicación. Llegó el momento de apropiarnos más de esta música, de aprender sobre ella, de enseñarla y difundirla, de resaltar la dignidad e importancia que tiene para nosotros y para todo el país. Esta es una riqueza musical y cultural invaluable que nos pertenece y nadie lo va a venir a hacer por nosotros. Lograrlo no será para nuestra vanidad, sino por el noble fin de que mañana ningún niño se vuelva a preguntar: “cuando papá muera, ¿quién tocará estos porros?”

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