El Ranchón de Lorica, una tradición de ocho décadas

Por Odette Ramos

 

La tarde estaba iluminada por un resplandeciente sol. El clima era tan caluroso que a los pocos pasos ya se podían sentir las gotas de sudor en la frente. Eran las doce del mediodía y El Ranchón, ubicado en el municipio Santa Cruz de Lorica, ya se encontraba repleto de gente.

Seis hombres se hallaban alrededor de una pequeña mesa de madera vieja que contenía un empezado juego de barajas, adornado por tres pilas de monedas. Dos de ellos portaban camisas de color naranja con números en la espalda, otros dos las tenían con rayas, uno de color azul y el último vestía la tan adorada y típica camiseta del equipo de Colombia.

El piso del lugar tiene una extraña figura de círculos y líneas color vino tinto que forman una hoja, los muros son de un tono amarrillo con rojo oscuro, tanto por dentro como por fuera. El techo es blanco, lo que mantiene el lugar luminoso, posee además múltiples faroles pequeños colgados en las esquinas que le dan un toque distinguido y antiguo. Cabe resaltar que el lugar tiene una arquitectura basada en la época de la Colonia.

El Ranchón funciona no solo como un lugar de apuestas y entretenimiento para adultos, sino que es también el mercado del pueblo. Es organizado por áreas que van desde los granos, a las artesanías y comidas, entre otros. Cada establecimiento es separado por murales y letreros que le indican a las personas a donde dirigirse y cuál es el nombre del puesto de venta.

Aquí los habitantes se reúnen para trabajar por sus intereses, comer un plato característico de la región y reunirse para compartir con viejos amigos.

Historia de ocho décadas

Hace 80 años en este espacio se podía contemplar la llegada de embarcaciones que traían toda clase de mercancías desde ciudades como Cartagena o Barranquilla. Se podía escuchar el bullicio, en su mayoría de mujeres que vendían pescados de toda clase y tamaño, el olor de este se podía mezclar con el aroma de las tortas freídas en grandes bandejas listas para la venta a los extranjeros que allí desembarcaban. Eran turcos, árabes, italianos y franceses.

Los niños corrían a pies descalzos y los burros eran puestos en un gigantesco árbol que funcionaba como parqueadero en aquel tiempo. Eran los sábados el día de mayor actividad en toda la semana.

A finales de los años cuarenta del siglo pasado, la mayoría de los pobladores eran inmigrantes provenientes de Europa y parte de Medio Oriente que huían de los estragos de la segunda Guerra Mundial, encontraron en estas tierras un paraíso y convirtieron a El Ranchón en la mejor despensa del bajo Sinú.

En la última etapa de los años cincuenta, se construyó una carretera que conectó a Lorica con el resto del departamento. El pueblo decidió darle la espalda al río y los extranjeros a su vez decidieron irse debido a las primeras guerras políticas que había entre liberales y conservadores además de la presencia de los grupos guerrilleros en la zona. Sin embargo, estos dejaron gran parte de su cultura tanto en lo gastronómico como en lo arquitectónico.

Negocios, una tradición

María, una mujer de 45 años de edad, es la hija de la difunta doña Tomasa. Esta heredó el negocio familiar en donde vende diferentes tipos de bandejas como sancocho de gallina, el cual tiene un precio de diez mil pesos, carne con arroz a ocho mil y pescado a quince mil.

Lo principal para el éxito de un comercio, es el trato que tiene el vendedor hacia el cliente pues su regreso depende de cómo este se sienta en el lugar.

Esta madre de dos pequeñas dice recordar con mucha nostalgia los años dorados en donde el mercado era visto como un diamante y todo estaba lleno de kioscos de madera al igual que los mesones. La comida se hacía con carbón mientras se esperaba la venida de los barcos y lanchas que traían el coco y la panela.

María tiene una blusa estampada en figura de flores, falda de color café, delantal blanco, chancletas color marrón y pelo recogido en una cola. Sus ojos son negros al igual que su cabello.

Actualmente a El Ranchón llegan personas de otras ciudades a probar las delicias culinarias que este ofrece. Hay 14 puestos de comida y el más popular de todos es Donde Tomasa, aquel que ofrece mayor calidad y sazón a sus platos.

Es por ello, que personas provenientes de Montería, Cartagena, Medellín y otras localidades del país, recorren las horas necesarias para llegar a consumir un simple platillo.

Hoy en día el mercado., ubicado en pleno corazón de Lorica, es un legado o patrimonio de Colombia, el cual se espera conservar para demostrar lo bello de la cultura cordobesa.

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