Desapareció la magia del Pozo de Molina de Chinú

Berta Borja

Un sol intenso y una temperatura de aproximadamente 33 grados hacía brillar a esas horas de la tarde a Chinú. Una tenue brisa un poco tropical, pero no lo suficiente como para apaciguar el fuerte calor que hacía, refrescaba tenuemente aquel lugar.

Los niños saliendo alegres y con gotas de sudor en la frente de la escuela, los adultos a la espera de ellos para tomar el almuerzo en familia y los ancianos sentados en la terraza, con sus gafas puestas y algunas arrugas notorias en rostro, escuchaban desde sus cómodas mecedoras el vallenato que retumbaba en el lugar. Era justo un tema de Diomedes Días.

Chinú es emblemático en Córdoba por su pasado histórico, por la calidad de su calzado y más aún por el tradicional Pozo de Molina, que hace siete año atrás era una de las atracciones de ese territorio.

La historia cuenta que en ese sitio quedaba una ciénaga de aguas puras y que había tal cantidad de árboles milenarios que las aves y especies en vía de extinción había completado la magia del lugar.

Esa misma historia contaba que el agua del pozo estaba encantada y que además podía curar los males del cuerpo y del alma. Eso sí, quien la bebiera jamás podría abandonar a Chinú. Allí se quedaba para siempre.

De la magia al olvido

Era catalogado como un lugar mágico, pero en la actualidad se ha convertido en un lugar baldío y que aterroriza a la población. “Anteriormente se hacían fiestas, comidas. La gente venía a disfrutar de las aguas cristalinas que brindaba el pozo que fue creado por nuestros indígenas Tota y Tacasuán. Además, de la belleza de los túneles creados por la naturaleza, estar allí era mágico”, dice Ligia Villero, una habitante de Chinú.

Ahora se encuentra un lugar seco y plano. El agua que cruzaba por las esquinas en aquellos conductos subterráneos hoy ya no está porque la mano del hombre la ha hecho desaparecer.

Algunas personas no desaprovechan la soledad extrema y usan el lugar para así saciar sus necesidades convertidas al final en una esparcida línea de humo blanco con un olor peculiar.

Una claridad titilante que adorna el lugar, traspasando las ramas y los troncos de los gigantes árboles que adornaban el llamado ´santuario´, crean un panorama sombrío y un poco turbio.

Al caminar alrededor de Molino, con un suave viento pasando por el ambiente, el sudor en la frente del grupo que tomó la iniciativa de entrar al lugar, después de cinco años de no hacerlo por temor, mira de un lado a otro y encuentran dos de las estaciones del año en un solo lugar.

Los caminos de piedra

Las hojas secas de los árboles que han sido talados suenan de manera constante con cada pisada dada por los aventureros. Dos caminos hechos de piedra, que al parecer fueron creados por la mano de Dios, se encuentran bajo una fina, pero resistente capa de arena de río que ha sido una de las cosas que aun ahí permanece.

No todo está perdido. Subiendo una pequeña montaña de maleza muerta se puede apreciar todo el Pozo de Molina, donde hay partes en que la naturaleza lucha para sobrevivir y mantenerse.

Iván, un joven de 15 años, que cursa octavo de secundaria en una de las tantas escuelas de la localidad, es la primera vez que ingresa al pozo. Mirando el rostro afligido de William, su padre, entiende que el lugar no estaba igual y que en la mirada de su progenitor había nostalgia porque el lugar donde compartió con amigos y familiares ya no era el mismo.

“Ya no se siente esa paz interior al mirar, al cerrar los ojos y respirar”, dijo, mientras Iván caía en cuenta que donde se encontraba era parte de una época importante en Chinú y en su gente.

Entre senderos y metros de monte se puede apreciar una represa que está casi seca y sectores que parecían fueran los depósitos de basura del pueblo. Los animales que ahí habitan huyen salvando sus vidas ante el sonido de las voces y las respiraciones agitadas que se escuchan ya que al parecer, estos se convirtieron en un tipo de mercado silvestre.

Muchos recuerdos quedaron allí, pero lo único cierto es que la magia se perdió. Ahora será el tiempo el que dirá si el pozo quedará como una bonita historia por contar, si sus aguas realmente curaban las almas sedientas de amor y si muchos de los que se quedaron allí por siempre fueron el resultado de una visita furtiva a ese lugar.

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