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Por: Hugo Illera

Hoy, Junior debería estar jugando la primera de dos finales de Liga Águila ante Santa Fe en Bogotá vistos los resultados de cuartos y semifinales. Barranquilla, a su vez, se estaría preparando para el juego final en el Metro el próximo domingo. La hinchada del equipo rojiblanco estaría corriendo por conseguir entradas, las barras por hacer los tifos, y la Policía montando el operativo de vigilancia. Hoy debió haber sido un día diferente para el Juniorismo en general, pero no fue así.

Junior fue montado para jugar tres finales e intentar ganarlas. Solo pudo ganar una y en las otras dos no alcanzó a entrar a esa instancia. Para entonces, el camerino ya estaba vuelto añicos.

Digo esto basado en los acontecimientos de los que todo el mundo hablaba pero que no habían sido certificados. Lamentablemente todo lo hablado por el periodismo, en las redes y en radio bemba fue cierto. Teófilo Gutiérrez fue más allá de simples imprudencias y acabó no solo con la unión del plantel, sino que puso en riesgo la estabilidad de la familia de Roberto Ovelar e hizo que James Sánchez se separa de su esposa.

A partir de entonces la tormenta fue la acompañante permanente de un Junior que se fue desmoronando poco a poco a medida que los días y las tensiones aumentaron. Hubo una reunión de Comesaña, Ovelar y Teófilo con Fuad y Antonio Char que el mismo Gutiérrez hizo estéril con la sentencia de “si el problema soy yo, entonces me voy”.

Lo de Teófilo fue más allá. Eso lo sabe el plantel. Reuniones como si fuera el capitán, ofensas y hasta “multas” por llegar tarde cuando era conocido que el que más llegaba tarde era él. Sebastián Viera, el auténtico capitán, no pudo timonear el asunto.

Creo que es hora de ponerle el cascabel al gato. Lo hago yo con el soporte moral de haber librado batallas interminables por Teófilo y de haberlo pedido cientos de veces a la selección nacional.

Hoy, Junior debería estar jugando el primer partido de la final ante Santa Fe. Hoy, Barranquilla debería estar de fiesta. Hoy, los periodistas de nuestra ciudad deberían estar aquí en Bogotá acompañando al equipo. Y los señores Char deberían estar sacando pecho por la manera como invirtieron su dinero para ver al Junior ganar finales.

Todos estaríamos gozando con el Junior de Comesaña. Lástima que lo construido se hubiera derrumbado por el comportamiento megalómano de Teófilo Gutiérrez. Esa fue la verdadera causa. Que no fueron los rivales los que vencieron al Junior sino el comportamiento conocido y repetitivo de un jugador que debiera buscar ayuda profesional.

Hoy deberíamos estar jugando la finalísima de la Liga. Teófilo pudrió todo…

Columna publicada en Diario Deportes y Al Día.

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