Contralorías departamentales y municipales focos de corrupción y burocracia

Por Victorino Gasparín.

Victorino Gasparin

Art. 267 de la Constitución Política: El control fiscal es una función pública, la cual vigila la gestión fiscal de la administración y de los particulares o entidades que manejen fondos o bienes de la Nación.

La vigilancia de la gestión fiscal del Estado incluye el control financiero, de gestión y de resultados, fundado en la eficiencia, la economía, la equidad y la valoración de los costos ambientales.

Art 209 de la Constitución Política: La función administrativa está al servicio de los intereses generales y se desarrolla con fundamento en los principios de igualdad, moralidad, eficacia, economía, celeridad, imparcialidad y publicidad.

Muy claro las funciones y la Misión de las contralorías departamentales y municipales; pero la realidad es otra, el “circulo de la necesidad” a la que llamare esta relación entre los políticos y estos entes territoriales, necesita esta curva cerrada para ocultar sus delitos. Por eso cada cuatrenio esa sociedad de Concejos y Asambleas se convierte en el primer acto burocrático que atenta al control fiscal. Es imperativo para los gobernantes blindar su gestión durante su mandato, colocando un lacayo al servicio de las contralorías.

Un informe de auditoría, publicado la semana pasada, puso al descubierto que en las 63 contralorías territoriales su desempeño es deficiente, preocupante y dramático, acota el informe, que fiscalmente solo han recuperado el 0,6% de los dineros apropiados por los corruptos. Otro análisis revela que “el 83% de los recursos que tienen fallo de responsabilidad fiscal, no son recuperados “. Por esta razón la propuesta es acabar con estos entes que no controlan pero si son cómplices de los corruptos.

Ahí volvemos a este círculo de la necesidad, todo está vil mente calculado, todos los alcaldes y Gobernadores necesitan tener estos entes maniatados; su primer acto burocrático radica en elegir a sus cómplices, por ejemplo, el señor que ostenta el cargo en Córdoba es” un ratón” salido por la puerta de atrás del Congreso de la República, lo alinearon para que cuidara el queso del presupuesto departamental. Su gestión es paupérrima, silenciosa y terrorista del control fiscal, acomodada y parcializada.

Córdoba necesita recuperar su dignidad, el departamento necesita salir de ese círculo vicioso que tiene su secuestrador en la clase política que ha deshonrado las letras de nuestro himno, aquí citare unas que el pueblo debe volver a cantar, entonar con gallardía para sacar del sino trágico del desprestigio que nos han llevado a ser esta especie de representantes de lo público y que el pueblo tiene que no volver a elegir.

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