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Desde hace muchos años, el estado colombiano ha venido otorgando concesiones a sociedades o figuras jurídicas precarias como los consorcios y las uniones temporales, con exclusividad por un período de tiempo debidamente determinado: el derecho de explotar bienes o servicios.

El mejoramiento de carreteras, acueductos, aeropuertos, telecomunicaciones, energía eléctrica, entre otros, está entredicho. Hemos avanzado en algunos campos pero no lo suficiente, el déficit aún es abismal.

En el caso del cobro de peajes y las concesiones de carreteras, hay muchos conflictos, aparecemos dentro del top 5 de los peajes más costosos de América Latina. Además, según las normas internacionales, por cada 110 kilómetros se debe disponer un peaje en promedio, pero en nuestro país muchos se instalan a los 72 kilómetros.

Esos peajes funcionan en aparente legalidad, hay otros ilegales ejecutados a través de las extorsiones que deben ser pagados por los ciudadanos, so pena de poner en peligro su vida, tal es el caso de los peajes que cobran alias ‘Guacho’, las Bacrim y otros actores del conflicto armado en Colombia.

Pero mientras alias ‘Guacho’ extorsiona desde la clandestinidad, hay un funesto personaje de San Juan del Cesar (Guajira) que lo hace través de la payola en una emisora radial, este señor es un hombre sin escrúpulos, que se harta diciendo a viva voz en redes sociales que vive de la patrulla de los artistas vallenatos.

Con la autoridad que cree tener para hablar del folclor, insulta y despotrica sobre cualquier cantante, sobre todo si es de los nuevos como hizo con el soldado Orlando Liñan a quien trapeo hablando sandeces por la canción fiesta, lo cual generó el rechazo de Villazon, Peter y otros artistas, los juglares ya no le comen cuento, lo conocen y saben cómo es su juego extorsivo.

En el mundo vallenato se dice que quien no pague el peaje al triple A, está condenado a que su música no suene en Olímpica Valledupar, está concesión extorsiva es peor que el peaje de carretera y le hace daño mucho daño al folclor.

Que esta polémica sirva para que los programadores de las emisoras FM dejen ese vicio de pedir para poner música, que suene la música de acordeones que le guste al público, pero que de una vez por todas la cumbre vallenata acabe con la payola y la patrulla de la que vive el ‘Triple A’.

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