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Columna de Opinión

Redacción Caribe

 

Luego de ser electo  el presidente Iván Duque muchos de los llamados “férreos” militantes del Centro Democrático en el departamento de Córdoba celebraron durante varios días el triunfo electoral. Si hay un verdadero placer en la vida del hombre político es ganar una elección, más si es presidencial.

Córdoba es un departamento 100% político donde se acaban familias, amistades e incluso hasta matrimonios por culpa del desafuero político, combinado con algo de  ignorancia en el ejercicio de una democracia tan controversial como es la colombiana.

Es muy fácil oír por las calles de Montería y en muchos de los municipios del departamento, que la familia Pérez no se habla con los Rodríguez y estos a su vez con los Díaz y uno pregunta espontáneamente ¿ Y esto a qué obedece? La respuesta más probable es: “ajá por política”.

Qué dolor me causa escuchar esto pero en  otra columna hablaremos sobre este penoso tema.

Volviendo al Centro Democrático, en su versión Córdoba, hemos  visto cómo sus seguidores  quedaron literalmente “viendo un chispero o estrellitas” al ver que luego de hacer una campaña agotadora para algunos y oportunista para otros, no ha pasado nada. Nada es nada.

Vean pues cómo es la cosa. Para el elector del común, para aquel sufragante que ejerció su derecho  a conciencia y que simplemente simpatizó con Duque por su carisma, juventud, programa de gobierno o porque el expresidente Uribe se lo pidió; Duque en 30 días de gobierno va bien y punto. Para la gran mayoría está  intentando organizar el desastre que dejó Juan Manuel Santos en todos los ámbitos de la vida pública nacional.

Pero en cambio para los congresistas, directores de campaña, líderes, afiliados o como se nos antoje llamarlos al Centro Democrático, las cosas no marchan bien, por el contrario, quizás están peor que antes, porque muchos se llenan la boca manifestando que invirtieron “mucha plata” en la campaña. Algunos  más moderados reclaman solo el tiempo perdido.

Pero acaso, aparte de que Duque sea un buen presidente que gobierne sin color político, que mejore la economía, la salud y la educación de los colombianos en general ¿No es darse por bien servidos? ¿No es ese el fin de elegir a un buen presidente? No.

Para algunos “políticos” del Centro Democrático el arribo de Duque a la Casa de Nariño pretenden  que sea sinónimo de embajadas, cargos en entidades del Estado tales como ministerios, vice ministerios entre otros apetecidos puestos donde se fortalecerían para participar de las próximas contiendas electorales regionales.

Ahora bien, a muchos de estos adeptos no les ha quedado otra opción que desempolvar la chaqueta e irse a Bogotá cómo decimos coloquialmente “a ver qué pescan” por los lados del Congreso, pero como nadie les ha hecho el cambio de luces, solo les ha quedado una sola opción: Tomarse la foto con el expresidente Uribe en los pasillos del Congreso y fingir una sonrisa.

No creo que Duque se olvide de Córdoba, no creo que Duque no vincule en su equipo de gobierno a personas idóneas del departamento, no creo que el primer mandatario deje de nombrar cuotas de origen cordobés, considero que tarde o temprano lo va a hacer, por la sencilla razón de que nadie gobierna solo, o con sus  contradictores políticos, pero lo que sí se está viendo es que Duque no ha empoderado a los desesperados miembros de su partido que se imaginaron que su vida y estabilidad económica cambiaría producto de su elección.

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