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Opinión

Cuestión de tiempo…

Por: Lunática

Siempre he pensado que el amor nos sorprende de maneras que no esperamos. Encuentra la manera de dejarnos claro que con él “No se sabe”, que él  no es predecible y que no podemos negarnos a él porque de cualquier modo nos atrapa.

Yo lo comparo con ir al casino, entre más juegas, más aprendes y entre más pierdes, más posibilidades tienes de ganar, y aunque no recuperas lo perdido al final igual estas feliz por lo que obtuviste.

A lo que me refiero es que nunca sabemos que es lo que “Cupido” nos tiene preparado y tras muchos desaciertos entendemos solo con ayuda del tiempo que tantos tropiezos han tenido sentido y han valido la pena.

Lo que pasa es que somos muy acelerados y nos cuesta dejarle eso al tiempo. El afán por querer o dejar de querer nos vuelve dementes ocasionalmente, nos hace tomar malas decisiones, nos hace vulnerables, nos rompe. Y para remate no sólo terminamos “rotos” sino que también debemos armarnos una y otra vez, hasta que entendemos que no es cuando nosotros queremos sino cuando la vida, el destino, el universo o Dios decidan.

Eso se me pasaba por la cabeza mientras un señor contaba una historia sobre como después de 29 años se había divorciado de su esposa y regresado con su novia de la Universidad, con la que vivía feliz actualmente (Si, pensé demasiado). ¡Carajo, el amor hace con nosotros lo que quiere! me dije a mi misma mientras escuchaba su historia.

Me conmovió demasiado, se veía sereno mientras contaba como se había reencontrado con ella después de tanto tiempo, (que a propósito vivía en otro país) y para mí la felicidad no es otra cosa que tranquilidad, así que comprendí muchas cosas en ese momento, sobretodo que ese señor era feliz, que el amor lo había sorprendido de una manera que jamás imaginó y que ahora, 29 años después, disfrutaba de su amor adolescente, con madurez y con mucha experiencia.

Lo que ese señor no sabía era que su historia me ayudó a desenredar un nudo que llevaba por dentro, por un amor imposible, un nudo por alguien que quise querer y por quien no pude esperar.

No fue un consuelo, ni mucho menos, no es que haya pensado que dentro de muchos años ese amor volviera a mí, pero sí me tranquilizó,  y desató ese nudo que tenía en el alma porque me di cuenta que a veces el amor es así, no da explicaciones, crece, permanece o muere y que solo el tiempo nos ayuda a entenderlo.

A ese señor que sin saberlo me ayudó con mi dilema, le deseo toda la suerte del mundo y que ese amor que esperó por tanto tiempo, se multiplique.

Además le doy las gracias porque me ahorró la cita con el psicólogo, el guayabo moral y físico que me evitó para tratar de ahogar esa pena y la historia que me regaló sin saberlo.

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