El presidente Gustavo Petro respondió con dureza al expresidente Álvaro Uribe, luego de que este lo descalificara públicamente con una frase que desató polémica: “Un Presidente que solo respeta por miedo a bandidos que son sus benefactores no merece título ni de la universidad que graduó a la Peliteñida de Betty la Fea”. El comentario, cargado de sarcasmo y clasismo, fue interpretado como un intento de ridiculizar la formación académica de Petro y de asociarlo con estructuras criminales.
La confrontación se dio el 28 de agosto de 2025 en la red social X, donde Petro publicó un extenso mensaje en el que defendió a la jueza Sandra Heredia quien condenó a Uribe en primera instancia por manipulación de testigos y lanzó una de las acusaciones más contundentes en años: revivió los presuntos vínculos del expresidente con el narcotráfico y el paramilitarismo. “A mí no me abrazó Pablo Escobar, ni me subí en el caballo del viejo Ochoa, ni tengo sobrinas mafiosas”, escribió Petro, en una respuesta que sacudió el tablero político.
Petro denunció que sectores del uribismo han intentado desacreditar a la jueza Heredia, e incluso afirmó que “quisieran fusilarla”, comparando su valentía con la de Policarpa Salavarrieta. Para el presidente, el ataque a la justicia es parte de una estrategia para encubrir lo que él llama “un genocidio por odio político”, vinculado a intereses económicos, mafias y estructuras armadas que han operado durante décadas en Colombia. También señaló que Uribe habría facilitado armas a grupos como las Convivir Guaymaral y del Cóndor, donde operaban criminales como alias “El Tubo” Villegas, implicado en el asesinato del futbolista Andrés Escobar.
Más allá de la defensa de Heredia, Petro buscó reabrir el debate sobre los vínculos históricos de Uribe con el crimen organizado, que han sido documentados por periodistas y organismos internacionales, pero que nunca han derivado en una condena firme. Su mensaje también reivindica el papel de las mujeres en la justicia y la academia, y denuncia el machismo implícito en el insulto de Uribe, que para muchos fue una forma de desprecio clasista y sexista