Opinión

Paz para nuestros bosques

Paz para nuestros bosques

Por: Luis Gilberto Murillo, ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Allanar un camino que nos aleje de la guerra y que nos permita consolidar la paz implica para el país encarar varios desafíos ambientales. Sin lugar a dudas, uno de los más exigentes es la deforestación, cuyo incremento la pone en el centro de atención de nuestros esfuerzos institucionales.

Con la firma del Acuerdo Final, hemos podido adelantar investigaciones en zonas antes vedadas para la ciencia, logramos ampliar las áreas protegidas a alrededor de 30 millones de hectáreas, con las cuales garantizamos la protección ambiental y el equilibrio natural; aumentamos sustancialmente los registros de biodiversidad y también, mediante un proceso de apropiación social del territorio, logramos incrementar el turismo de naturaleza.

Cuando hablamos de la deforestación, nos referimos a un complejo fenómeno que provoca graves impactos ecológicos con profundas raíces socioeconómicas, históricas y políticas. Se estima que desde 1990 hasta el 2016, Colombia ha perdido seis millones de hectáreas de bosques naturales, algo así como 2.6 veces la extensión del Reino Unido.

En Colombia, los principales factores de deforestación son el acaparamiento de tierras, la tala para cultivos de uso ilícito y la minería ilegal. De tal manera que, si queremos enfrentar contundentemente la deforestación, debemos resolver el histórico conflicto de la tenencia de la tierra. Un reto que exige de la participación de la sociedad en general y, sobre todo, de la voluntad política de los próximos gobiernos.

Para hacer frente a esta problemática, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible ha propuesto una serie de medidas que vinculan al sector ambiente como cinturones verdes que sirven como barrera natural a los motores de la deforestación, la nueva Comisión Intersectorial para el Control a la Deforestación y Protección de los Bosques, instrumentos de política pública y el desarrollo de normas e instrumentos legales.

Todas estas acciones hacen parte de la Estrategia Integral de Control a la Deforestación y Gestión de los Bosques que hemos venido implementando para promover el uso sostenible de los bosques como factor de desarrollo nacional y escenario de consolidación de la paz; para reconocer y empoderar formas de gobernanza de territorios colectivos y fortalecer las acciones articuladas de control y presencia institucional en los focos de deforestación.

Otro punto importante para destacar es la creación de la Comisión Intersectorial para el Control de la Deforestación y la Protección de los Bosques (Cicod), una instancia de alto nivel presidida por el Ministerio de Ambiente y de la que hacen parte la Alta Consejería para el Posconflicto, y los ministerios de Defensa, Transporte, Minas y Agricultura, que además contará con el apoyo del Ideam.

De tal forma que, además de incrementar la inversión en iniciativas de desarrollo sostenible, hemos establecido estrategias de monitoreo comunitario de bosques y fortalecido los esquemas de seguridad, control y judicialización y los procesos de ordenamiento territorial.

Dentro de estas líneas, conviene resaltar el desarrollo de planes de manejo forestal comunitario, los acuerdos de conservación con familias amazónicas, la implementación del Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono a cargo del IDEAM; así como la creación del Grupo Élite de Lucha Contra la Deforestación, la conformación un grupo de fiscales especializados  contra el delito de la Deforestación y, liderado por el SINCHI,  el Sistema de Información Ambiental Territorial de la Amazonia Colombiana (SIATAC) con el cual se monitorean incendios forestales. En materia de ordenamiento territorial, debemos señalar los avances relacionados con el cierre de la frontera agrícola, el diseño de un sistema planificado de transporte, la titulación de tierras y el saneamiento predial, así como la zonificación ambiental para el posconflicto.

Enfrentar la reducción progresiva de las masas forestales es un asunto que no involucra exclusivamente a la institucionalidad ambiental del país; por el contrario, debe ser un esfuerzo de toda la sociedad que requiere de un constante diálogo con las comunidades, de un proceso de participación ciudadana con el cual, como gobierno, estamos comprometidos.

No obstante, y pese a las cifras en la materia, seguimos empeñados en la protección y la recuperación de nuestros bosques, somos conscientes de que haciéndole frente este devastador fenómeno, estamos protegiendo la vida y aumentando nuestra resiliencia de cara al cambio climático. Mediante nuestra “Estrategia Integral de Control de la Deforestación”, incrementaremos los esfuerzos para impedir que delincuentes e inescrupulosos sigan destruyendo las invaluables zonas boscosas de nuestro país. La paz está en nuestra naturaleza y por eso, para el año 2030, haremos de Colombia un territorio con cero deforestación.

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