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Opinión

La decadencia de un Alcalde

Nada o poco se ha dicho en la ciudad de Montería, en la ciudad “Matrix”, del Alcalde Marcos Daniel Pineda García, acerca del panel de opinión de la firma Cifras & Conceptos que lo califica en el décimo lugar del ranking de medición (con 49 puntos en una escala de 1 a 100, siendo 1 la peor calificación) de los alcaldes de Colombia con capacidad de gestión y desempeño, quedando ubicado por debajo de alcaldes de ciudades como Bogotá, Medellín y Barranquilla, y de ciudades  intermedias como Bucaramanga, Ibagué, Neiva, Manizales, Pasto y Valledupar. 

Atrás ha quedado el bombardeo mediático de los primeros años de gobierno de nuestro alcalde, hablo de su primer periodo y de su segundo en cuerpo ajeno, en la que construyó una realidad virtual colectiva a nivel nacional e internacional de que Montería era la metrópolis agroindustrial, la ciudad verde y sostenible, con un “zoológico libre y un jardín botánico sin puertas”, así lo llegó a decir el diario El Tiempo, la ciudad emprendedora del mundo, la ciudad que más ha evolucionado alrededor del río, la ciudad incorruptible del Caribe.

Lo que es natural en Montería y en el departamento de Córdoba, él quiso abanderarlo a su favor, a través de una realidad paralela e imaginaria, en un pretendido y premeditado ejercicio ególatra, como algo novedoso propio de su gestión administrativa; casi que toma como de su propia autoría la frase histórica: “pobrecito del Perú sí se descubre (por Marcos Daniel) el Sinú”, a no ser porque es una frase arraigada en cada uno de los monterianos, la cual es consigna insigne de una emisora de la ciudad, para referirse a Montería como un emporio natural, de riqueza cultural, social y económica.

En ese mundo virtual y paralelo inventado se llegó también a afirmar que el 9 % de los monterianos utilizan la bicicleta para transportarse, principalmente al trabajo, y un 20 % de los habitantes se movilizan a pie,  por la conciencia y los programas ambientales que la administración municipal han “inoculado” a sus habitantes,  y  no por las ínfimas condiciones económicas de una población empobrecida  para tomar un transporte público obsoleto, contaminante y lento. Sería lo mismo decir que los niños de la Guajira están light por una dieta finishing y no por la desnutrición.

Después de una década de gobierno, al Alcalde de Montería se le ha empezado a filtrar su teflón mediático virtual, inundando su ego; ahora son los líderes de opinión quienes le dan la peor calificación a una gestión político administrativa de una ciudad que evidentemente ha tenido un crecimiento económico autónomo, independiente y sectorizado de inversión privada, hasta llegarse a considerar a Montería como “El Miami  Costeño”, inversión totalmente ajena a la administración municipal, pero paralelamente ese desarrollo ha estado a espaldas al progreso social de la ciudad, dejando una pobreza y miseria extrema y deuda social gigantesca, traducida en más de cuarenta mil mototaxistas y cientos de jóvenes en deserción escolar que hoy integran docenas de pandillas en el sur de la ciudad: desempleo.

La economía en la ciudad de Montería no es naranja sino gris plomo. No hay chófer de bus, mecánico, maestro de obras, radiotécnico, pequeño tendero, vendedor de fritos, mototaxista, pequeño agricultor, vendedor de frutas y plátanos en el mercado público, que no tenga como fuente económica de financiación para emprender sus negocios las de acudir a uno o a varios  “paga diarios”, el banco usurero de los pobres, sabiendo y teniendo la convicción de que sus métodos de cobranza son al estilo de la mafia, plomo, amenazas, y a las consecuencias ineludibles, por mora en el pago, la muerte o el desplazamiento.

Otro componente de la economía gris plomo, es la inseguridad, la ola diaria de atracos con saldos trágicos de pérdidas de vidas humanas campean en la ciudad, herencia, palabra de moda del nuevo gobierno, del proceso de paz ‘chimbo’ con los llamados paramilitares que dejó a cientos de desmovilizados armados en la ciudad ejerciendo con éxito la profesión de robar, extorsionar y asesinar, oficios bien  aprendidos en años de guerra. Emblemáticos y triste son los casos luctuosos en la ciudad ampliamente registrados por los medios locales de comunicación.

El centro de la ciudad se ha convertido en un parqueadero, sin ningún tipo de regulación y control, donde cientos de pequeños y medianos comerciantes han tenido que cerrar sus negocios debido a la disminución de sus ventas, lo anterior debido a la imposibilidad de parqueo en espacios públicos y altos costos de los parqueaderos existentes (ahora se pretende privatizar las calles con la denominación peyorativa de zonas de estacionamiento regulado ZER), lo que por el contrario ha favorecido a las grandes superficies comerciales, cuya existencia y proliferación la toma el alcalde como gestión administrativa propia y no como dinámica económica y comercial de sus dueños, o como diría un primíparo estudiante de sociales de la Universidad Nacional, puro capitalismo salvaje, !camarada!.

En este sentido, la Cámara de Comercio de Montería  dio a conocer que más de 581 establecimientos de comercio no renovaron matrículas para el año 2018 en la ciudad de Montería, ligada esta situación a las bajas ventas y al desestimulo en la zona céntrica de la capital; para el 2019 se prevé que este número sea superior.

Para el alcalde, como en su mundo virtual le gusta cambiarle el nombre a las cosas,  el debacle de pequeños y medianos comerciantes de la ciudad no se llama “quiebra” sino “migración comercial” hacia otros sectores.

La movilidad en la ciudad es caótica, así como la accidentalidad, hasta el mes de septiembre del presente año han fallecido 69 personas en accidente de tránsito, el 80% de ellas motociclistas. Son miles de ciudadanos que deambulan en motocicletas diariamente por las calles de la ciudad para ganarse el sustento diario, para sobrevivir, porque no tienen otra opción de trabajo, no tienen otra opción de vida en una ciudad excluyente y desigual. Se calcula que 40 mil personas (10 mil familias), es decir, el 20 % de su población viven de esta informalidad.

La realidad creada de forma virtual por Marcos Daniel Pineda García, ha empoderado cibernética y computacionalmente a miles de niños y jóvenes de instituciones educativas públicas y privadas para votar en encuestas virtuales para lograr premios internacionales virtuales, que hacen ver a Suiza y a Suecia ante la virtual Montería, como veredas de los municipios más pobres y abandonados del departamento de Córdoba, pero lo que es real es que su administración “Matrix” va en decadencia, pues la realidad es evidente y la verdad tiende a aflorar, así no los hagan saber los líderes de opinión en el décimo ranking de medición del panel de opinión de Cifras & Conceptos.

Por último, la máscara con la esfinge del Miguel “Happy” Lora no le va alcanzar al Alcalde de Montería para tapar el escándalo de corrupción del emblemático escenario deportivo bautizado con el nombre de nuestro  campeón mundial y orgullo monteriano.

Denuncian que el alcalde Marcos Daniel en campaña utiliza las asociaciones de mototaxistas para politiquear

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